SOBRE LAS CASAS:

La casa posee una relación estrecha con sus moradores y genera una simbiosis íntima, que en la mayoría de los casos es de tipo “mutualista” donde la casa necesita de un vigía que la conserve. El sujeto necesita de la casa porque es la extensión de su pensamiento y el lugar donde se siente seguro y próximo. La relación que un hombre establece con su entorno habitable, no solo obedece a su temperamento, también influye, todos los modos de apropiación que haya experimentado en lugares anteriores; es decir, que, si, un hombre, tiene una inclinación hacia de pertenencia o despojo, llevará este aspecto a dónde quiera que vaya.

En esta forma de relación propietario-casa también sucede algo que atañe a las emociones o a los síntomas sobre el lugar de vida: El estado anímico del propietario, dispone la salud de la casa, se ha registrado casos clínicos en los que la enfermedad del propietario, ha vulnerado gravemente la estructura de la casa. Un ejemplo de ello, es la casa conocida como “Casco de Vaca”, una propiedad que hasta el 2018 estaba abandonada en la carrera Palacé, en donde un arquitecto que vivió allí gran parte de su vida en solitario y con cáncer terminal de huesos, reflejó su estado y condición de enfermedad en los daños ocasionados a la casa, poniendo de manifiesto el dolor y el deterioro en su propiedad.

Es muy usual encontrar en las casas de Prado y del Centro Histórico dos tipos de coleccionistas: los que acumulan objetos de manera ornamental sin tener una estrecha relación con ellos, excepto una comercial (ropavejeros, anticuarios, entre otros) y los que coleccionan relatos históricos que hacen parte de la memoria inmaterial y de la oralidad popular.

Los coleccionistas de historias son personas que por lo general han adquirido este hábito de una tradición familiar, como un gusto por dotar de significados los espacios que habitan y sus enseres. Hacen parte de las colecciones, todos aquellos objetos que han sobrevivido del pasado para atestiguar un recuerdo, una anécdota o la mirada estética de una época; estos objetos en su mayoría, se preservan como representación de un valor importante no a nivel económico, puesto que muchos de ellos se guardan por su valor simbólico.

Michael Certeau profundiza aún más este pensar y manifiesta que un lugar habitado por la misma persona durante un cierto periodo dibuja un retrato que se le parece, a partir de los objetos (presentes o ausentes) y de los usos que éstos suponen. En esta actividad de atesorar, se puede convertir cualquier objeto en un objeto coleccionable dependiendo el sentido con el que este esté dotado; de este modo, pesan más en aquellos objetos que están anclados a los rasgos identitarios de una población: la música, los muebles, los libros, las cartas, diarios personales, las películas, los afiches, libretas, apuntes de cocina, las fotos, los dibujos, las estampas son algunos ejemplos de objetos que pueden ser coleccionables; esta práctica puede llegar a ser considerada como una auténtica expresión cultural y a su vez una significativa capa de la historia.  

Es importante vigilar la salvaguarda de estos objetos como piezas de colección, que aporten al inventario museístico de la ciudad y que más tarde pueden ser considerados como verdaderos archivos históricos.    

SOBRE LOS NOMBRES:

Los nombres de las casas les da un reconocimiento que se establece en la memoria colectiva, creando un lenguaje universal en el que las cosas y conceptos pueden ser entendidos por su carácter simbólico. En el barrio Prado, era usual, asociar el apellido de las familias que las habitaron; es así como aparecen nombres como “ La casa de Restrepo Santa María”, “La casa de los Baum” (familia judía) “La casa de los Olano” (fundadores del barrio Prado),“La casa de los Jaramillo” lo cual servía como guía para diferenciar la actividad economía, social o uso que recibía la casa.

Existen otros casos referidos a los nombres que han sido extraídos del imaginario de quien los asigna, como la “Casa en el aire”, expresión acuñada por el compositor colombiano Rafael Escalona que en el caso de Prado recobra sentido por otro asunto particular relacionado con la actividad de la casa. La casa  “la casa en el aire” resulta de una experiencia particular de su actual dueño, el cual durante un tiempo tuvo un taller de aerodinámica donde se construyó un avión. “La casa de Salsipuedes” es en honor al disco de Lucho Bermúdez. Aquí puede identificarse como a partir de un juego de palabras o un referente popular se puede connotar el sentido o el título que recibirá una casa. Otros casos como el Adriana Gallego, quien recuerda que su casa la llamaban “la casa de los Monters”, hoy Casa Olano Udea que era recordada popularmente por sus condiciones de poca luz, sumadas a los acabados exuberantes que la casa tenía.

Alannath Ocampo Molina.

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