CASA DE LA CALLE MIRANDA

Dirección: Calle 60(Miranda) # 47-15

 

CRÓNICA

CASA DE LA CALLE MIRANDA

Muchas son las historias que se construyeron en el palpitar cotidiano de la casa de la calle Miranda; las voces infantiles en el cuarto de la música, las interminables tardes en el pequeño baño de inmersión que a los ojos de los niños y las niñas Echavarría Restrepo parecía una enorme piscina, los temores al cuarto de San Alejo o cuarto de los “checheres”, saltar los últimos peldaños de las escalas que dan a la primera planta, esconder tesoros bajo las baldosas que consistían en cartas con dibujos o ingenuos testamentos infantiles. Motilar, pintar, colgar y sacarle los ojos a las muñecas, hurtar las galletas y golosinas de la despensa, bañarse en ropa interior a pleno sol en el patio, conservar buen comportamiento en la mesa del comedor bajo la vigilante mirada del papá.

Ernesto Echavarría padre de la familia, había permanecido durante tres años preso en un campo de concentración Nazi, de allí adquirió un temperamento que le hacía exigir siempre orden en determinados momentos y rituales diarios de la vida familiar. Por ejemplo, la compostura a la hora de la cena, todos sabían que nadie se paraba del comedor hasta no terminar sus alimentos. A pesar de esta norma, una tarde, a la hora de la comida, Ernesto Echavarría dio un golpe sobre la mesa y fue él quien abandonó el comedor y salió corriendo a la segunda planta; todos quedaron sorprendidos. Luego en pocos segundos, lo escucharon desde el balcón llamando a la familia con voz afanada, quería enseñarles algo, todos subieron de prisa, les señaló entonces una luz intermitente que flotaba sobre la casa suspendida en el cielo y que tenía forma de platillo…un ovni. La fascinación inicial del momento, dio pasó después al temor nocturno y aquella noche los siete hijos durmieron en la alcoba de sus padres. Al día siguiente el periódico El Espectador reportaba que ese mismo día había aparecido sobre los cielos de Bogotá una luz parecida, en igual hora y con las características similares.

Con el llegar de la adolescencia cesaron las muñecas rotas y calvas, los baños a pleno sol y los tesoros bajo las baldosas. Lo que antes era el baño de inmersión se convierte en un cuarto de revelado fotográfico, los textos recitados de las obras de teatro del TPB, el primer auto sin motor, la música protesta, la indumentaria hippie, las lecturas de Jean Paul Sartre y Federico Nietzsche de los jóvenes universitarios de la casa reemplazaron los juegos y algarabías de la niñez.

Alicia Echavarría Restrepo, recuerda: “La banda marcial hacía su recorrido por las calles del barrio, era todo un privilegio escucharla y mirarla pasar desde el balcón, al igual que lo era ir los domingos al Parque Bolívar para escuchar la retreta. La casa de mi niñez y adolescencia siempre tuvo las puertas abiertas para los jóvenes del barrio, la frecuentaban los amigos de mis padres, los de mis hermanos y mis amigas, las cuales llamaban a la casa, la casa de la calle Miranda

Precisamente, fueron notables visitantes de la residencia, entre otros, el filósofo Fernando González, el escritor francés Michelle Quoist, el pintor Justo Arosemena  Lacayo, el poeta y gestor cultural Leonel Estrada. Cada uno de los jóvenes Echavarria Restrepo que constituían el palpitar de la casa Miranda se fueron con los años a madurar su destino.

En el año 1992, Mónica Durán y Fabio Betancur compran la residencia a la señora Beatriz quien vacila bastante en venderla, sabía que allí estaba su memoria y que el precio material siempre sería inferior al enorme valor emocional que albergan las paredes. Mónica Durán y su esposo Fabio Botero renuevan el ambiente familiar, el cual comparten con sus dos hijos. Igualmente ponen su residencia al servicio del arte y la cultura, es así como la casa de la calle Miranda pasa a ser escenario natural para filmar varias series de televisión, documentales, comerciales, así como lugar de tertulias.

Mónica Durán instala su taller de batik y artesanías en el garaje de la casa, y allí mismo dicta algunas clases y talleres. Por su parte, Fabio Betancur posee una de las más notables colecciones de música caribeña de la ciudad, especialmente de salsa. Afición que no sólo comparte con su familia, sino también con amigos y estudiosos del tema.

Una residencia cuyo destino siempre ha estado ligado al arte, a la cultura, sus espacios invitan al recuerdo, a la contemplación y al disfrute del diálogo. Una morada para la memoria del barrio Prado.

Juan Fernando Hernández (Historiador, Magister en Hábitat UNAL)

LÍNEA DE TIEMPO

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Paulino Londoño Londoño encarga al arquitecto belga Agustín Goovaerts el diseño de la casa. El arquitecto a su paso por Medellín, también diseñó otros edificios de carácter público, entre ellos el Edificio de la Gobernación de Antioquia, Teatro Junín, Palacio Nacional y la capilla del Cementerio San Pedro.

Sofía hija de Paulino Londoño y Ana Lucía Mesa González, contrae matrimonio con José Luis María Restrepo Jaramillo.

1920

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Muere José Luis Restrepo, quedando Sofía Londoño viuda a muy temprana edad, ella se radica en Bélgica por algunos años, y mientras esto, la casa sirve de comando militar.

A su regreso a Medellín, Sofía Londoño viuda de Restrepo, ocupa de nuevo la casa en compañía de sus hijos Guido y Beatriz Londoño.

1926

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La casa pasa a ser propiedad de Guido y Beatriz Restrepo Londoño, nietos de Paulino Londoño.

1932

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1939 – 1948

Estalla la segunda guerra mundial, el adolescente Ernesto Echavarría Gallo cae en un campo de concentración luego de pasar a ser espía de la Gestapo, 3 años después logra salir con ayuda de su padre, se viene a vivir a Medellín donde al poco tiempo conoce a Beatriz Restrepo. 

1939

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Beatriz Restrepo, quien era columnista del Colombiano y redactora de un periódico local llamado “Sutatenza”; le compra a su hermano Guido Restrepo los derechos sobre la casa, quedando ella como única propietaria.

1949

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1950 – 1992

Beatriz Restrepo se casa con Ernesto Echavarría Gallo con quien tiene 7 hijos: Ana Alicia, Juan Diego, Maria Clara, Ricardo, Maria Mercedes, Jose Luis y Beatriz.

1950

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Beatriz Restrepo de Echavarría vende la casa a la familia Betancur Durán, conformado por los esposos Mónica Durán y Fabio Betancur, quienes tiene dos hijos: Manuel y Sara Betancur Duran. 

1992

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1993 – 2017

Aunque la casa Betancur Durán tiene uso familiar, ha servido de escenario para diferentes encuentros culturales y producciones audiovisuales de época. La Familia Betancur Durán poseen además una gran colección de música afro caribeña y una biblioteca dedicada a tal fin. El garaje es usado como taller de artes, en el que imparten clases  de batik, una técnica que se utiliza aplicando capas de cera.

1993