CASA FRANCISCO JOSÉ DUQUE BETANCUR

Dirección: Carrera 50 # 64 – 50

UN REGALO DEL CIELO

Emocionados y llenos de preparativos, el matrimonio Duque Restrepo se instaló con sus hijos en el barrio El Prado. Era su nueva morada, una hermosa casa con fachada de estilo Art Nouveau y amplio antejardín cultivado con rosas blancas. Era una mañana de febrero del año 1969 y todos los integrantes de la familia pensaron que aquella casa era un regalo del cielo. Ese sería su punto de referencia en el mundo desde entonces, el lugar que daría calor a sus sueños y proyectos. Pronto se ocuparon de organizar los muebles y con el transcurrir de los días empezaron a cultivar en el patio trasero y el antejardín algunas plantas y flores que la madre de la familia Cecilia Restrepo y sus hijas cuidaban con esmero. El patio trasero también contaba con un baño de inmersión que la familia consideró bastante deteriorado, motivo por el cual decidieron en su lugar, construir una pequeña piscina que hizo las delicias de la familia. Especialmente de los más jóvenes y con los años de los pequeños nietos, que llenaron el lugar con sus risas y juegos.

Estela Duque, una de las hijas de la familia, compró también una pequeña fuente de agua y la instaló en el jardín lateral de la casa. Allí se escuchaba el cantar de la fuentecilla que desde entonces evocaba el brotar de un manantial.

El padre de la familia era el señor Francisco José Duque Betancur, un notable médico e historiador que escribió, además, uno de los primeros textos sobre la historia de Antioquia. Nacido en Carolina del Príncipe, Francisco Duque se educó en su pueblo natal bajo los principios de una educación religiosa, y luego terminó sus estudios de bachillerato en El Liceo de la Universidad de Antioquia, para
después continuar con sus estudios de medicina en la misma universidad.

Vivió su juventud el doctor Francisco Duque en una época de grandes cambios en la ciudad de Medellín. Solía relatar algunas anécdotas de las compañías teatrales y variedades que visitaron Medellín en las tres primeras décadas del siglo XX. Tuvo la fortuna de asistir a funciones en el teatro Junín y el circo España. También contaba cómo en el año 1925 junto a su hermano Juan Duque, convencieron al empresario Gonzalo Mejía de rodar algunas escenas exteriores de la película “Bajo el cielo Antioqueño”, utilizando como locación el Salto de Guadalupe, hermoso y desconocido sitio en ese momento.

Terminados sus estudios de medicina en el año 1928, Francisco José Duque viaja a la población de Ebéjico, donde comenzaría a ejercer su profesión. Fue allí en una finca cercana de la localidad donde conoció a Cecilia Restrepo García, quien sería su futura esposa. Su matrimonio se celebró el 28 de noviembre de 1931. Tendrían 13 hijos.

En el texto autobiográfico Paisajes y recuerdos escrito por Celina Duque Restrepo, hija de Francisco José Duque, la autora relata cómo su padre ejerció la profesión de médico por más de cincuenta años. Siendo además diputado de la Asamblea de Antioquia, Vicepresidente de la Academia Antioqueña de Historia, correspondiente de la Academia de Historia de Colombia y la de Santander. Suobra Historia de Antioquia fue premiada en el concurso abierto por la Asamblea Departamental, como galardón a ella, recibió la “Estrella de Antioquia” en grado de plata y años más tarde la condecoración “Honor al mérito educativo” medalla General Santander en oro. No obstante, su mayor tesoro y orgullo lo constituyeron sus hijos, hijas y nietos. El doctor Francisco Duque falleció rodeado de su familia el 26 de diciembre de 1992. Había visto transformarse a Medellín de aldea a ciudad moderna. Dejó como legado a su familia aquella hermosa casa donde terminaron la carrera profesional la mayoría de sus hijos y de donde salieron al altar seis de ellos. Dejó también al país aquel importante texto sobre esa transformación histórica, no solo de la ciudad, sino también del departamento de Antioquia.

La casa que el matrimonio Duque Restrepo compró al señor Frank De Greiff, aún continúa con su fachada estilo Art Nouveau y su aire romántico. Allí está, muda y solemne como salida de un sueño. Como una flor gigante que creció en ese sector de la carrera Palacé entre la calle Balcázar y la calle 65.

Los nietos ya grandes dejaron de nadar en la pequeña piscina, ya no se escuchan en el patio sus gritos y risas en los días de verano. Ahora adultos y profesionales, viven en unidades cerradas donde tienen su propia alberca. Estela Duque aún cultiva el jardín y cuando le preguntan cuál es su flor favorita contesta: “Me gustan todas las matas, no podría escoger, me encantan las bifloras, los curazaos son
hermosos, las rosas son delicadas y majestuosas, las orquídeas son maravillosas, las rosas blancas florecen bellísimas en verano”. En las tardes la casa se llena del murmullo de los bolillos que tejen encajes. Un aroma de chocolate invade la cocina a las cuatro, es la hora del algo. La casa vive en sus ritmos y rituales como un recuerdo tangible donde la emoción y la fe nunca se desvanecen.

Cada noche, cuando el barrio Prado duerme, es la casa quien habla y mientras abriga a quienes la habitan se dice para sí misma: Esta familia ha sido para mí un regalo del cielo.

Juan Fernando Hernández

 

 

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Ricardo Olano anota en sus memorias: “En abril de 1924, los propietarios de
los terrenos donde está el barrio Prado, que éramos Enrique Moreno, Stenthal &
Cia. y Ricardo Olano, celebramos un contrato con el Sr. Joaquín Cano para
urbanizar ese lote. La primera cuestión que se presentó fue la de escoger la calle
para la entrada al barrio y encontramos que la de Palacé era la mejor. Pero esta
calle estaba sin arreglar desde la Avenida Echeverri en una extensión de cinco
cuadras hasta llegar al Prado. Emprendimos el arreglo de este gran trayecto por
nuestra cuenta sin ningún auxilio municipal y principiamos los trabajos el 1° de
mayo”. 

1924

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Ricardo Olano apunta sobre la urbanización del barrio: Se empezaron los
trabajos de urbanización del barrio el 30 de abril de 1926 (…) Se construyeron
alcantarillas en Palacé, Balboa y Balcázar

1926

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Periodo en el cual se debió construir la casa, aunque no hay datos
exactos por el momento.

1928-1930

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Los primeros habitantes de la casa fueron la familia compuesta por el señor
Frank de Greiff Echeverri y la señora Laura Ramos Gutiérrez.

1930

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Ricardo Olano anota en sus memorias: Mayo 26 de 1934. Hoy quedó
terminada la instalación de las farolas de luz eléctrica en la carrera Palacé de
Bolívar a Jorge Robledo, (…) y en la calle Balcázar de Palacé a Bolívar, se
pusieron 45 farolas. Estas farolas son sencillas y elegantes y fueron construidas
en el taller de Cock Quevedo y Rodas. (…) Los vecinos contribuimos con la suma
de $ 1.950 que yo conseguí con ellos con un largo y penoso trabajo. Esta
iluminación, primera de su clase en Medellín, le ha dado prestigio y belleza a la
carrera Palacé y al Prado. Con ella y la pavimentación de Palacé han subido los
precios de las propiedades y se están construyendo varias casas”.

1934

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Durante este periodo la casa estuvo alquilada a una comunidad
religiosa.

1940-1965

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La casa es adquirida por el medico e historiador Francisco José Duque
Betancur y su esposa Cecilia Restrepo de Duque.

1969

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Aproximadamente en esos años el baño de inmersión es convertido
en una pequeña piscina.

1974-1975

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El dos de mayo de este año la casa es declarada bien de interés cultural

2013

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