CASA VARGAS

Dirección: Carrera 50 # 59 – 32

DE- MORARSE

 

En el año 2008 conocí la casona que ocupaba el Centro Cultural Plazarte en el barrio El Prado. En aquella ocasión, algunos amigos artistas preparaban allí un gran evento cultural al que llamaron De-morarse. A ese evento, días después asistieron varios artistas y gestores culturales de la ciudad. Me uní al acontecimiento con un performance y para ejecutarlo decidí conocer con antelación el espacio donde lo realizaría. La casa era en aquel entonces propiedad de la señora Martha Plaza, quien en compañía del colectivo Taller Sitio, empezaron a formar las bases de lo que sería luego el Centro Cultural Plazarte.

La casa parecía estar construida para seres gigantes. Las proporciones de sus habitaciones, sus espaciosos corredores y en especial el tamaño de sus puertas se percibían un tanto exagerados y ceremoniosos. Cuando trataba de pensar en la forma como debieron ser vividos aquellos espacios, llegaba a mi mente un aire monástico, estricto y disciplinado.

Imaginaba los ritmos cotidianos de los primeros moradores como rutinas solemnes. Una hora para ir a dormir, otra para despertar, horarios de comidas, zonas sociales designadas para recibir visitas, espacios a los que solo tenían acceso algunos personajes de la casona, celebraciones especiales y quizás una alta dosis de religiosidad, la cual se reflejaba en el diseño de los ventanales, puertas y hasta la misma luz que baña la casa a determinadas horas del día.

El programa se celebró durante dos noches consecutivas. Para dicho fin se acondicionaron algunos espacios de la casona, lo que antes era el comedor se convirtió en el escenario para las bandas musicales que tocaron aquella noche. Inspirada en el cuadro Ofelia de John Everett Millais, una joven artista ejecutó un performance en el viejo baño de inmersión. En uno de los cuartos pequeños cerca de la cocina, y que anteriormente debieron ser bodegas o despensas, la artista Paula Aurora Pineda, realizó una instalación. Ella capturó un pequeño trozo de la noche y lo encerró en aquel cuarto, recortes de grama en el piso permitían al espectador sentarse o recostarse y mirar el cielo raso iluminado de luces eléctricas que semejaban la bóveda celeste.

Artistas del performance, músicos, cantantes y pintores entre otros, todos de diversos estratos socioeconómicos, compartieron dos noches en las que muchos fascinados del mágico momento, comentaban la necesidad de revitalizar el barrio Prado para posicionarlo como espacio cultural de la ciudad. Ese parecía ser el deseo de la mayoría de los asistentes, un barrio para el arte en la ciudad de Medellín. Algo que se venía gestando desde hacía algún tiempo, y que aquellas dos noches se sintieron en el ambiente como un anhelo compartido.

Con el paso del tiempo, los grandes cuartos de la planta inferior empezaron a funcionar como galerías, siempre están ocupados con exposiciones itinerantes. El comedor en el cual se había instalado la tarima para los grupos del evento De-morarse, ahora es un escenario múltiple, frente a él se encuentra el patio central que hace las veces de auditorio.

Las habitaciones superiores cumplían la función de residencias artísticas internacionales. Lo que antes era la cocina se ha había transformado en un pequeño cafetín con un patio sembrado de diversas plantas, una pequeña selva a la cual los integrantes del colectivo Plazarte llamaban “el jardín del café” y que era el lugar favorito de todos, para conversar, para planear, para irradiar desde allí a la ciudad la manera de hacer del barrio Prado un lugar para el arte. La casa se sostenía con las programaciones de determinados eventos y con algunos proyectos financiados desde el sector privado o público.

Durante algunos años se celebró anualmente en la casa el festival Tesituras. Evento que buscaba dar a conocer los nuevos talentos de la composición musical locales y latinoamericanos.  Prado para el arte, fue la consigna del Centro Cultural Plazarte durante su permanencia en la gran casona.

En el año 2011, Martha Plaza vende la casa a la Fundación Jesús Pobre, sin embargo la Corporación Cultural Plazarte continúo como ocupante del inmueble.

Durante varios años la Fundación Jesús Pobre, dedicada al albergue de personas en situación de calle reclamó la propiedad como suya, mientras los integrantes del Centro Cultural Plazarte recogieron más de 9.000 firmas en las que diferentes sectores de la ciudad; incluyendo algunos vecinos respaldaban la corporación y su trabajo cultural en el barrio. El propósito de estas firmas era también impedir el desalojo del centro cultural de la casa.

A pesar de todo, el día 26 de diciembre del 2017 en horas de la mañana estalló el conflicto final.  Las redes sociales se llenaron de videos en los que se observaba cómo las fuerzas del Esmad desalojaban a los jóvenes artistas de esta vieja casona. En estos vídeos se hacían presentes las explosiones de las bombas de aturdimiento mezcladas con los bailes de los artistas y las voces de algunos vecinos del barrio que apoyaban los ocupantes de la casa.

Los artistas de la Corporación Cultural Plazarte que se negaban a dejar la casona cantaban, tocaban instrumentos musicales, declamaban poemas e insistían en que el desalojo era ilegal. Las imágenes parecían las escenas de una película europea de la década de los setenta, donde aparecen jóvenes románticos que pregonan la fuerza del amor, el arte y la libertad, pero que al final terminan siendo derrotados por las fuerzas del poder imperante.

Plazarte fue finalmente desplazado y la casa se transformó en albergue y comedor para personas en situación de calle. Así la casa paso de los modales ceremoniosos y conservadores de sus primeros habitantes al arte independiente y luego a la caridad católica. Esta última más apetecida en una ciudad donde la misericordia y la necesidad también generan ganancias.

Juan Fernando Hernández (Historiador y Magister en Hábitat UNAL)

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Los terrenos fueron adquiridos por Los Vargas, familia de ganaderos con varias propiedades en Porce (Antioquia).

1937

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La firma de arquitectos Rodriguez construye la casa por encargo de Marco Antonio Franco y Tulia Vargas Tamayo para su hija María Hermelinda, quien pasa a ser la propietaria. Más tarde, Hermelinda Franco se casa con Jose Maria Vargas Tamayo y tuvo descendencia de 8 hijos.

1939

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1994 – 1997 La propiedad se hipoteca con el Banco Ganadero, sin límite de cuantía.

1994

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El 16 de mayo, se cancela la hipoteca por voluntad de las partes y la propiedad se vende a Julián de Jesús Garcés Mesa. El 16 diciembre Julián de Jesús Garcés Mesa vende la propiedad a Jorge Horacio Nicholls Posada, que hipoteca la casa con la compañía financiera y de seguro: Jairo Tamayo H. Y CIA S.C.A. que está actualmente liquidada.

2005

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El 9 de febrero, se cancela la hipoteca con la compañía Jairo Tamayo H. y Cía. S.C.A por voluntad de las partes, y se toma una nueva hipoteca con el señor Francisco Javier Zuluaga. Este mismo año, Martha Cecilia Plazas Castellanos, artista empírica y diseñadora, quería dinamizar el barrio Prado con un evento de arte con varios artistas y estaba buscando una casa desocupada, y fue cuando se encontró con Plazarte, allí realizó un evento que se conoció como “La Casa Tomada Plazarte” un proyecto con la Universidad Nacional, Asencultura y el Colectivo Colibrí Sur que duró 3 meses.

2007

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Martha Plazas compra los derechos titulares a Jorge Horacio Nicholls Posada, el 24 de diciembre.

2008

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2010 – 2017 El Colectivo Taller Sitio administra el lugar, ellos ofrecen a la comunidad una galería alternativa de arte con residencias artísticas y programación cultural. Trabajan con temas de recuperación de espacios, y ahora se enfocan en los BIC (Bienes de Interés Cultura

2010

PLATAFORMA CÉNTRICO