LA CASA EN EL AIRE

Dirección: Carrera 50 # 63 – 162

 

CRÓNICA

LA CASA EN EL AIRE

En el año 1926 se emprendió la urbanización del barrio El Prado, cuyo acceso se realizaba por la carrera Palacé. Sobre esta carrera se construyeron los primeros palacetes, entre ellos una hermosa y espaciosa casa ubicada en una de las cuatro esquinas donde convergen la carrera Palacé y la calle Balcázar.

Esta casa de ensueño fue visionada por  Luciano Arias Fernández. Cuenta con un amplio jardín, tres patios interiores, una extensa cocina, un garaje y nueve habitaciones. La casa fue construida con su frente mirando hacia donde se esconde el sol; es decir, hacia el occidente de la ciudad. Anclada en una pequeña colina, los arreboles dorados de cada tarde la iluminan haciéndola parecer un espejismo resplandeciente. Un capullo dorado por la luz del sol poniente, al cual acompañaban los guayacanes amarillos y el aroma de los cadmios que invadía sutilmente el entorno.

En esta casa habitaron durante tres décadas el señor Luciano Arias Fernández, su esposa Natalia Jaramillo Escobar y sus hijos Luciano, Isabel y Matilde. En sus memorias, Ricardo Olano Estrada se refiere en dos ocasiones al señor Luciano. La primera de ellas, cuando su compañía urbanizadora le vende el lote y la segunda en una doliente situación, tras la muerte de Germán Olano Moreno (Hijo de Ricardo). En aquella segunda ocasión el señor Luciano y su esposa Natalia, habían enviado una corona de flores a la familia Olano como señal de condolencia. El señor Ricardo Olano, incluye a la pareja en una amplia lista, donde también agradece a otras personas por aquel mismo gesto de pésame.

Al igual que la luz del sol, que continúa desvaneciéndose cada tarde sobre la fachada de la casa, la vida de Luciano Arias también llegó a su ocaso. Heredaron la casa sus hijos y la señora Natalia Jaramillo viuda de Arias. Cada heredero fue vendiendo la parte que le correspondía, y finalmente, en el año 1966, llegaron nuevos propietarios a la casa, el señor Jorge Arango Vieira en compañía de su esposa Clara Alicia Fonnegra Isaza y sus 14 hijos.

Para la familia Arango Fonnegra no fue fácil adaptarse a una casa en el sector urbano. Ellos provenían de una gran finca cercana a la ciudad, donde convivían con las bondades que les brindaba la apacible vida rural. Se alimentaban de su huerta de pan coger, con los huevos y la leche fresca de sus animales de granja. Dormían con las primeras sombras de la noche y despertaban al cantar de los gallos y los pájaros de la mañana.

Al principio fue un poco difícil, pero con el tiempo todos terminaron por adaptarse a la nueva casa. En lugar de la leche recién ordeñada,  la señora Clara Fonnegra se acostumbró a esperar junto a la ventana una carreta tirada por caballos, la cual traía la leche San Martín en horas de la mañana y cuyo arribo se anunciaba mediante una campanilla. Ella misma también acondicionó un espacio cerca de la cocina, allí elaboraba los productos de repostería, tanto para el gasto de la casa como para los invitados. Los bizcochos, el pastel de limón, el pastel de gloria, las galletas de mantequilla, el pan, los dulces de guayaba y el arequipe eran algunas especialidades que preparaba dos o tres veces a la semana. Recuerdan sus hijos y nietos que generalmente las galletas de mantequilla no daban abasto, se terminaban casi al instante de salir del horno. El solo olor de estas galletas ya alertaba a todos en la casa de la delicia que se estaba horneando.

Los integrantes más jóvenes de la familia pronto hicieron amigos en el barrio. Algunos de aquellos amigos o amigas estudiaban con ellos en los mismos colegios. Otros jóvenes de la familia ingresaron a la universidad. Es el caso de Felipe Arango Fonnegra, quien comenzó sus estudios de derecho en la Universidad de Antioquia a principios de la década de los setenta. Felipe Arango recuerda: “Me iba caminando hacia la universidad a diario, pues siempre he sido un buen caminante. A pesar de los paros logré terminar mi carrera en cuatro años, formé mi propia biblioteca con adobes y tablas, mi madre observo la situación y me obsequio un mueble para mis libros. Leía en horas de la noche y la madrugada cuando todos dormían. Existía en la casa un lugar donde se guardaban los libros prohibidos, recuerdo entre ellos varios de José María Vargas Vila, Cuan Verde era mi valle de Richard Llewellyn y Salambo de Gustave Flauvert, entre otros. Recuerdo también que algunas tardes subía al tejado a observar la ciudad con unos binóculos”.

El Prado como barrio, ha albergado en el tiempo buena parte de la comunidad judía de Medellín. A pesar de algunos inconvenientes relacionados con las costumbres propias de cada religión, muchas familias estrecharon lazos de amistad con esta comunidad. La familia Arango Fonnegra por ejemplo, contaba entre sus amigos algunos judíos del barrio. Isabel Arango Fonnegra anota al respecto: “En el Colegio La Presentación tenía algunas amigas judías, era de los pocos colegios en Medellín que recibía niñas judías en esa época. Recuerdo que para los años sesenta era posible la amistad, pero los noviazgos no eran bien vistos tanto por los católicos como por los judíos. Mi padre tuvo también muchos amigos judíos a los que apreciaba mucho. Entre ellos los fundadores de Telsa; buena parte de los fundadores de las fábricas textiles eran judíos y como la familia de mi padre habían sido los fundadores de Pepalfa y Fatelares, tenían muchos amigos judíos a los cuales les tenían gran cariño”

El señor Jorge Arango Vieira murió el mes de marzo de 1976. Pocos años después la casa empezó a reducirse en número de habitantes. Algunos de los Arango Fonnegra se casaron, otros emprendieron su destino en otros lugares. Quienes se quedaron en la casa la habitaron hasta mediados de 1982, luego esta propiedad pasó a manos de la Cooperativa Medica del Valle Coomeva. Se transformaron los ritmos domésticos en usos laborales, las habitaciones se convirtieron en oficinas y el patio contiguo a la cocina se cubrió con tejas transparentes. Una reja blanca se instaló alrededor del jardín, el temor a los robos se hacía evidente, la casa quedó encarcelada y su belleza se hizo lejana al transeúnte.

En el año 1993 la casa pasó a ser propiedad de Andrés Darío Londoño Tobón y su esposa Adriana María Posada Nuñez. Ambos habían habitado el barrio desde la niñez. Andrés Londoño solía jugar al fútbol con sus amigos en las calles del barrio. Por su parte, Adriana María Posada se crió en el mismo sector de Palacé con Balcázar. Incluso años atrás, ella y su familia ya habían entablado amistad con los antiguos propietarios de la casa, es decir la familia Arango Fonnegra.

Andrés Londoño, instala en la casa sus oficinas especializadas en la producción y venta de equipos de seguridad y circuitos cerrados. Con su equipo de trabajo, emprendió la restauración de algunos espacios deteriorados por el tiempo. Pintaron las paredes, despintaron y volvieron a pintar de vino tinto las puertas. También acondicionaron las oficinas en lo que antes eran las habitaciones.

Como especialista en ingeniería aeronáutica, Andrés Londoño inició la tarea de construir un avión en la casa. El lugar escogido para este propósito fue la vieja cocina, que ahora junto al patio ya cubierto, conforman una especie de hangar. El diseño del avión tomó tiempo casi una década desde el año 1997 hasta el 2006. El avión de fibra de carbono se construyó por piezas y posteriormente fue exhibido en una feria aeronáutica en el municipio de Rionegro.

En los hangares del Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, el pequeño avión para dos pasajeros aguarda su tiempo para volar. Andrés Londoño espera que este tiempo llegue pronto, asimismo desea construir dos aviones más. También anhela volar con alguno de ellos sobre el barrio El Prado. Observar desde el aire la casa del sol poniente o como otros la llaman, la casa en el aire.

Juan Fernando Hernández (Historiador, Magister en Hábitat UNAL)

LÍNEA DE TIEMPO


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1926 – 1928
En el año 1926 Luciano Arias compra el lote ubicado en la esquina de Balcázar con Palacé. La casa se termina de construir en el año 1927. Acerca de la casa, Olano anota en sus memorias (…) vendimos enseguida lotes a Oscar Duperly, Helena Cano y hermanas, Guillermo Jaramillo Villa (…) Luciano Arias, todos en la calle Palacé, quienes construyeron muy buenas casas.
El 15 de agosto de 1928, la casa aparece fotografiada en la página 493 de la revista Progreso de la Sociedad de Mejoras Públicas, en ella se observa la carrera Palacé aún sin asfaltar.

1926

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En Mayo de 1934 Ricardo Olano anota en sus memorias sobre la calle Balcázar con Palacé en El Prado:
Hoy quedó terminada la instalación de las farolas de luz eléctrica en la carrera Palacé de Bolívar a Jorge Robledo, (…) y en la calle Balcázar de Palacé a Bolívar, se pusieron 45 farolas. Estas farolas son sencillas y elegantes y fueron construidas en el taller de Cock Quevedo y Rodas. (…) Los vecinos contribuimos con la suma de $ 1.950 que yo conseguí con ellos con un largo y penoso trabajo. Esta iluminación, primera de su clase en Medellín, le ha dado prestigio y belleza a la carrera Palacé y al Prado. Con ella y la pavimentación de Palacé han subido los precios de las propiedades y se están construyendo varias casas. (Olano; 345)
Los linderos de la casa se describen de la siguiente manera en el certificado de tradición: Una casa de habitación situado en esta ciudad de Medellín en el barrio El Prado, marcada en su puerta de entrada con el # 63-162 y que linda por el frente u occidente con la carrera Palacé, con el norte con la calle Balcázar, por el sur con predio que fue de Germán Olano y es o fue de Clara Santamaría de U; por el oriente que con terrenos que es o fueron de la comunidad de La Polka o de Ernesto Arango Escobar.
Se desconoce la fecha exacta de la muerte del señor Luciano Arias, pero esta debió acontecer a finales de la década de los años 50.

1934

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La casa es adjudicada por sucesión a la viuda Natalia Jaramillo viuda de Arias así como a sus hijos Isabel Arias Jaramillo, Matilde Arias Jaramillo y Luciano Arias Jaramillo.

1959

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1960 – 1966
Durante los primeros años de la década, los señores Jorge Botero Moreno y Fernán Jaramillo Isaza van adquiriendo los derechos de la propiedad mediante la compra de los mismos a los herederos, pero el 2 de junio del año 1966 mediante permuta la casa pasa a ser propiedad de Jorge Arango Vieira y Clara Fonnegra Isaza.
Jorge Arango, ingeniero civil de la Escuela de Minas, ocupó varios cargos importantes en la ciudad, fue gerente de Grulla, empresa de zapatos fundada por su padre Francisco Arango Villages, gerente de Pepalfa y Fatelares, secretario de agricultura y hacienda en la época de Rojas Pinilla, gerente del Banco Ganadero y fue el último superintendente de los Ferrocarriles de Antioquia. Su familia estaba conformado por 14 hijos: Flor Maria, Luz Elena, Jorge Hernan, Francisco Javier, Carmen Cristina, Clara Ines, Pilar, Maria Isabel, Silvia Catalina, Felipe, Rafael Enrique, Juan Diego, Maria Pia y Ana Beatriz Arango.

1960

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1976 – 1981
Jorge Antonio Arango Vieira muere en el año 1976, la casa es adjudicada por sucesión a su viuda e hijos: Margarita María, Silvia Catalina, Flor María, Luz Elena, Jorge Hernan, Francisco Javier, Clara Ines, Carmen Cristina, Maria Del Pilar, Maria Antonieta, Juan Diego, Carlos Felipe, Ana Beatriz y Rafael Enrique Arango; quienes venden la propiedad a la Cooperativa Médica del Valle Coomeva Ltda. en el año 1981.

1976

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Coomeva Ltda. vende la propiedad a la cooperativa de ahorro y crédito: Cooperativa de Habitaciones Ltda., quienes construyeron varios edificios en Medellín como el edificio Torre Caracas.

1985

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El 10 de agosto de 1993, la Cooperativa de Habitaciones Ltda., entra en liquidación y vende la casa al señor Andrés Darío Londoño Tobón.

1993

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1994 – 2017
La casa adquiere un uso comercial, allí funciona una empresa que realiza sistemas y equipamientos de seguridad. En el garaje de la casa se construye dos modelos de aviones.
La casa es declarada bien inmueble de interés cultural en el año 2013 por la Alcaldía de Medellín.

1994