PALACIO EGIPCIO

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CRÓNICA

El PALACIO EGIPCIO O LA MEMORIA DE UN HÁBITANTE LATENTE

A finales de la década de 1920, el señor Fernando Estrada Estrada, inició la construcción de un palacio en el cual habitaría junto a su familia. La edificación ya terminada provocó gran admiración en unos y malestar en otros. Los años venideros se encargarían de otro tipo de construcciones, representadas en historias y leyendas urbanas alrededor de aquel edificio, al cual los medellinenses le dieron el nombre de El Palacio Egipcio.

Durante su vida el señor Fernando Estrada fue un estudioso de la óptica, la historia y la geografía entre otras disciplinas. La idea de construir aquella obra fue concebida luego de sus excursiones a Egipto. Fernando Estrada Estrada había nacido en 1886, en Aguadas Caldas, municipio que para la fecha de su nacimiento pertenecía al departamento de Antioquia. Su padre Nicolás Estrada Álvarez era graduado en derecho de la Universidad El Rosario, aunque buena parte de su vida la dedicó a la producción de café y la ganadería, mientras que su madre, la señora Eusebia Estrada Henao, se dedicó al cuidado de la familia como era la costumbre.

Luego de completar sus estudios de bachillerato, Fernando Estrada se instala por una temporada en Medellín, desde allí empieza a planear un viaje que lo llevaría a varios lugares de Colombia y el mundo. Llega a Puerto Berrío a lomo de mula, navega por el río Magdalena y en Barranquilla se embarca de nuevo rumbo a Nueva York y luego a Europa, en el trayecto se instala durante algún tiempo en Panamá y luego en Puerto Rico.

En su estadía en Puerto Rico, Fernando Estrada se relaciona con un grupo de españoles practicantes de la masonería, este encuentro marcaría en adelante su pensamiento y le daría un vuelco a las fuertes creencias religiosas con las cuales fue educado.

En 1911 termina sus estudios de astronomía en la universidad de La Sorbona de París, años más tarde también estudiaría optometría en Estados Unidos. En medio de sus estudios viaja a Egipto en donde se apasiona por la mitología egipcia, sus dioses y faraones, así como por la monumental arquitectura de los templos.

Estudios, viajes, lecturas y su relación con la práctica de la masonería, moldean un pensamiento libre y de avanzada, muy particular y poco habitual en una sociedad tan conservadora y llena de prejuicios como la antioqueña. A pesar de su amplia visión del mundo, su corazón queda atrapado en Aguadas su tierra natal, ya que es allí, donde a su regreso, se enamora de su prima Soledad Estrada Henao.

Una vez casado se radica en Medellín con su esposa y abre su consultorio de optometría con el nombre de “Gabinete Optométrico y Óptico de F. Estrada”. Este consultorio se ubicaba en la calle Colombia del centro de la ciudad.

También emprende la edificación de su casa, la cual constituye todo un suceso en Medellín. La construcción que se logra terminar de manera parcial a comienzos de la década de 1930, rivalizaba en imponencia solo con la Catedral Basílica Metropolitana. El patio central de la casa se asemeja al del templo de Luxor, la torre está inspirada en el templo de Karnak, las habitaciones se corresponden a los espacios interiores del templo a la diosa Sethy, las columnas y otras zonas de la casa, contienen además jeroglíficos que el señor Estrada gustaba descifrar a los visitantes que llegaban a conocer su morada.

El arquitecto Pedro Nel Rodríguez Hausler, aconsejó y asesoró constantemente al doctor Fernando Estrada en varios aspectos de la obra, ya que la idea original, y la manera como quería el palacio surgió de la mente del doctor Fernando Estrada, quien amó y cuidó su casa y familia hasta el día de su muerte.

A pesar de las historias que se esconden tras la figura del Palacio Egipcio, para la familia simplemente se trataba de su casa, la cual ni siquiera llamaban palacio, sino simplemente la Casa de la Torre.

La vida en la Casa de la Torre transcurría sin contratiempos, de la misma forma como acontece en otras casas del barrio El Prado. Se almorzaba y cenaba a la misma hora, solo varían un poco los desayunos, ya que algunos salían a sus estudios o lugares de trabajo a distintas horas. Olga Helena Estrada Restrepo, nieta de Fernando Estrada, recuerda que lo único que le parecía distinto a otras casas, era que su abuela Soledad les seguía los caprichos a la hora de comer:

Mi abuela no ponía reparos si alguien quería comer algo distinto. Algunas veces en la mesa podía haber sancocho, sopa de verduras, frijoles, sudao, todos sentados en el mismo comedor pero comiendo cosas diferentes al mismo tiempo. Eso sí, todas las noches había frijoles para la comida”.  

Hugo Estrada, hijo de don Fernando recuerda la disciplina de su padre “Era muy estricto en cuanto a la hora de llegada a la casa, a eso de las ocho de la noche cerraba la puerta con un candado y decía que quien llegase después de esa hora ya vería donde dormía, era un ritual de todos los días”.

Después de la cena, la madre y los hijos rezaban el rosario, mientras el doctor Estrada se dedicaba a sus lecturas.

Todas las hijas del matrimonio Estrada Estrada fueron bachilleres del colegio La Enseñanza, mientras los muchachos se graduaron de los colegios San Ignacio y San José. Algunos de ellos continuaron sus estudios en la Universidad de Antioquia. En la parte frontal de las habitaciones, colgaban finas y pesadas cortinas. Todos los cuartos recibían la luz del sol, ya que la casa tiene un patio central que permite la circulación del aire y la luz. Otra particularidad era que las habitaciones estaban divididas, de tal forma que del lado derecho estaban los cuartos de los hombres y las mujeres al lado izquierdo.

Interesado siempre por el conocimiento, el doctor Fernando Estrada recibía importantes visitas en su residencia, con las cuales hablaba de temas relacionados con la óptica, la física, la geografía, la historia y la astronomía. También era un lector de textos filosóficos, le gustaban de manera especial los libros de Federico Nietzsche. La lectura de estos textos era condenada por la Iglesia. Tanto Fernando Estrada, así como otros personajes de la vida pública de Medellín y Colombia, hicieron parte de un grupo de humanistas, cuyos conocimientos eran difíciles de asimilar en una pequeña ciudad provinciana y parroquial como la medellinense, donde la palabra de los párrocos y curas era incuestionable.

Fernando Estrada nunca participó de los rituales católicos durante su vida adulta, pero si tenía gran respeto por ellos. Nunca tuvo objeción de que su esposa educara a sus hijos bajo los principios cristianos. Mientras tuvo salud para caminar desde su casa hacia la Basílica, doña Soledad Estrada asistió a misa durante todo el tiempo que habitó la casa, siempre acompañada de todos o varios de sus hijos.

El hecho de ser masón y hacer reuniones de la logia en su casa, no fue asunto fácil para Fernando Estrada. Los personajes que hacían parte de la logia y frecuentaban la residencia pertenecían a reconocidas familias de la ciudad y muchas veces de Colombia. Fernando Estrada, llegó a tener el grado más alto otorgado en la masonería, es decir el grado 33, el cual equivale a “Soberano gran inspector general de la orden”. Además de los rituales propios de la logia, las reuniones giraban entre otros temas alrededor del conocimiento, la colaboración y apoyo mutuo entre los miembros de la hermandad, el arte, las culturas y la filosofía. La práctica de la masonería por parte del doctor Estrada, fue también otro de los elementos que contribuyó a la creación de leyendas alrededor de la casa. Por ejemplo; muchos aún discuten que la torre menor contenía osarios, otros al contrario señalan que aquellos pequeños cubículos de la torre menor eran simples palomares. “A mi padre le encantaban las palomas blancas, y allí ellas tenían sus nidos

(Comenta Hugo Estrada).

Otros afirman que en realidad toda la casa, era un gran templo masón y que la familia vivía en otra casa contigua. De todas las versiones, esta es quizás la que algunos hijos y nietos consideran como la más absurda. No solo por sus propios testimonios de vida, ya que fueron ellos quienes habitaron y significaron la morada con su propia existencia, sino también por el abundante material fotográfico que la familia posee y que muestra el palacio perfectamente amoblado para habitarlo, así como distintos momentos compartidos en familia. Confirman también lo anterior, muchas personas, amigos y allegados que frecuentaban la casa con el fin de visitar la familia. Como si lo anterior fuera poco, en la residencia se hospedaron varias personas que llegaban de Aguadas a Medellín en plan de visita. Algunos de los descendientes Estrada, recuerdan que la casa era algo así como una sede de Aguadas en Medellín.

Con una leve sonrisa Olga Helena Estrada afirma: Al fin de cuentas, ya no importa. En mi memoria están las veces que me senté en el comedor a disfrutar del almuerzo dominical en casa de los abuelos, las prohibiciones para subir a la torre porque resultaba peligroso para nosotros los niños, los juegos y travesuras con los primos y hermanos. La Casa de la Torre será el Palacio Egipcio para Medellín, pero para mi familia siempre será la Casa de los Abuelos. Que se construyan leyendas urbanas alrededor de la casa, solo le agrega más importancia y la hace más valiosa para la ciudad.  

Olga Helena Estrada está al tanto de que los momentos y, los espacios más importantes de la historia se construyen continuamente.La pasión por el conocimiento es algo que siempre la acompaña, ella sabe que al fin de cuentas la historia también es literatura y que cada persona la construye, así como su abuelo dejó para ella una gran legado.

La ciudad repasará la historia del Palacio Egipcio una y otra vez. Pero sólo quienes la habitaron e hicieron de ella un hábitat latente, conocen su verdadera esencia cuyos verbos lejos de las especulaciones que traería el tiempo se conjugaron en descansar, educar, dormir, amar, cuidar, aprender, comer, bañar, conversar, jugar…las acciones y rituales propios del diario vivir. La casa significa para la ciudad todo un icono de su arquitectura, así como un botín de historias verdaderas y creadas. Para quienes aún la recorren desde sus recuerdos solo es la casa de los padres o los abuelos. Sencilla y entrañablemente la Casa de la Torre.

Juan Fernando Hernández (Historiador, Magister en Hábitat UNAL)

LÍNEA DE TIEMPO

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El optómetra y fundador de la Óptica Santa Lucía: Fernando Estrada Estrada, tras su llegada de Egipto, compra el lote al comerciante Carlos E. Rodríguez en el 28 de diciembre del año 1928.

1928

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Se inicia la construcción del Palacio Egipcio y termina 17 años después. No obstante la familia conformada por Soledad Estrada esposa de Fernando Estrada y sus hijos: Augusto,Omar, Otto, Hugo, Jaime, Selene, Elia, Norma, Viena, Diana, Elsa, Mignon,Gema, y Magda Estrada Estrada, la ocupa parcialmente.

La construcción se constituye como un icono arquitectónico de la ciudad, siendo la única de su estilo en Latinoamérica.

La torre es la copia del templo de Karnak, el cual tenía 123 columnas de 23 metros de altura; el patio principal corresponde a uno del templo de Luxor; residencia de Nefertiti y construido por Amenofis III; el pórtico es representación de la entrada de un templo en Dendera dedicado a Hathor, diosa del amor, la danza y las artes musicales; las habitaciones laterales son réplicas  de un templo a la diosa Sethy

(Arboleda; 37)

Algunas fuentes afirman que es obra es del arquitecto Pedro Nel Rodríguez Hausler, otros fuentes como el texto conmemorativo de los 100 años de la Óptica Santa Lucía, que recoge testimonios de algunos de los hijos del doctor Estrada expresa: “La verdad es que la amistad que unía al insigne ingeniero Rodríguez con Fernando llevó a que el primero colaborará  en la obra. (Arboleda; 37).

1929

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La familia Estrada de procedencia y costumbres aguadeñas se instala completamente en la casa, conocida en ese entonces como “la Casa de la Torre” entre sus nietos y familiares.

Más tarde, el lugar se convierte en un punto de encuentro astronómico, en el que se empresarios y pensadores ilustres se reunían a observar las estrellas en el primer telescopio traído a Medellín.

La cercanía de los alemanes con el señor Fernando Estrada en el momento en que se implementa la Ley 39 de 1944 para la retención de extranjeros sospechosos de colaborar con los países enemigos de Estados Unidos en Colombia, hace que Fernando entre en “La lista negra” y por consiguiente decaiga algunas de sus actividades económicas como la importación de equipos de laboratorio y de arquitectura de otros países. Lo mismo ocurre con la venta de ópticas que al final terminan trayéndose de Alemania.

Durante este periodo, también se prohíbe por decreto difundir el idioma alemán y leer escritores como Friedrich Nietzsche del cual Fernando era fiel lector.

1944

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Fernando Estrada Estrada muere el 1 de septiembre de 1953, quedando Soledad Estrada Gómez como como heredera de la casa por sucesión.

1953

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El 5 de diciembre de 1974 los hijos herederos de Soledad Estrada Gomez y Fernando Estrada Estrada, venden la casa a la firma Leo Burnett Novas S.A. Estos tenían la intención de montar una sede de oficinas, pero no fue posible, ya que la infraestructura de servicios sanitarios no estaba diseñada para tal uso.

1974

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La logia masónica Iris del Aburrá adquiere la propiedad.

1978

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1979 – 2014

La propiedad se vende a Creaciones Artísticas Turísticas y Comerciales (Creartuco)

1979

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2015 – 2017

Creartuco vende la propiedad al comerciante Edgar Fabio Jaramillo Ramírez, quien deja a cargo a la Corporación Planeta Azúl. Actualmente la propiedad es un centro de eventos culturales, donde se hacen conciertos, fiestas temáticas y ferias de diseño. 

2015