RICARDO OLANO

Dirección: Carrera 50a # 64 – 12

 

MORAR Y DESPEDIRSE

Dos son los momentos de moradas y despedidas, en la historia de la casa de Ricardo Olano Estrada, ubicada en una de las esquinas del cruce de la carrera Balboa con la calle Balcázar del barrio El Prado.

El primero de estos momentos, es cuando se construye la casa y luego es habitada por la familia Olano. En sus memorias, Ricardo Olano señala como en el año 1928 el emprende la construcción de tres casas en esa esquina, aludiendo también a las dificultades económicas que llegan con la crisis de 1929, la cual detuvo la construcción de varios palacetes en el barrio.

La crisis de los dos años siguientes, obligan al señor Ricardo Olano y su familia a permanecer ese tiempo en otra casa de su propiedad ubicada sobre la carrera Palacé. Ricardo Olano manifiesta encontrarse a gusto con su familia en aquella casa a la cual encuentran cómoda y acogedora. Finalmente ocupa la casa de la carrera Balboa con Balcázar el día 13 de agosto de 1931. Ricardo Olano Escribe:

“Agosto 14. Desde anoche dormimos en nuestra nueva casa, situada en El Prado, esquina Balboa y Belalcázar. (…) La casa quedó muy hermosa y muy cómoda. No hemos acabado aún de arreglarla con sus muebles y decoraciones y es seguro que en eso gastemos aún muchos días. En este tiempo de crisis fue para mí un verdadero sacrificio, un milagro la terminación de esta casa. Tuve que vender pólizas saldadas de vida en Seguros y Urbanización y en la Mutualidad Nacional. Nos privamos de muchas cosas no precisas para dedicarlo todo a la casa. Yo no volví al Club Unión ni al Campestre desde mayo. Mis gastos personales los reduje al mínimo. Debo aún algunos materiales que iré pagando poco a poco”.

A pesar de las dificultades a las que se refiere, cuando se leen sus memorias se hace evidente que una vez instalado en su nueva residencia, esta actúa como un aliciente que le renueva los bríos. La nueva casa se hace punto de referencia en sus labores como empresario, hombre público e incansable trabajador de las causas cívicas de la ciudad. De ella parte a sus viajes, pero a ella anhela regresar y descansar. Es indudable que habitar la casa soñada por la que tanto trabajo y se sacrificó, lo revive en todas las formas.

Las palabras escritas de Ricardo Olano dibujan a un hombre que ama y disfruta los momentos al lado de su familia. En la casa nacen algunos de sus nietos, se celebran las navidades y fechas especiales. Es la casa de Ricardo Olano Estrada el punto de la ciudad donde un empresario concibió muchas de las ideas que moldearon la naciente urbe de Medellín. Pero ese mismo punto, era para el hombre, el esposo, el padre y el abuelo ese hogar en el cual se abrigaban sus afectos más profundos. Otra nota en sus memorias dice:

“Medellín, 20 marzo de 1934. El día once de marzo pasado, domingo, a las 6 y 4 minutos de la mañana, nació la segunda hija de Joaquín y Nena, en mi casa esquina Balboa y Balcázar, barrio del Prado, en la alcoba de la esquina junto a la terraza del segundo piso (…) El parto fue normal, feliz. La niña muy robusta y hermosa”

En su casa Ricardo Olano ocupa horas de lectura en la biblioteca, juega con sus nietos que le acarician el cabello y lo llaman cariñosamente Papa Richard, planea jornadas de arborización y otros eventos para la ciudad, hospeda personajes como el expresidente Enrique Olaya Herrera y su esposa María Teresa Londoño Sáenz. Fueron muchos los momentos de alegría compartidos con la familia y otros personajes, pero es una imagen fúnebre de la casa la que queda como recuerdo en la memoria de Medellín.

Esa imagen, es aquel momento del cortejo fúnebre de su hijo Germán Olano Moreno frente a la fachada de su casa. Momento que queda inmortalizado en la lente del fotógrafo Jorge Obando el 29 de julio de 1935. Germán Olano Moreno quien era un destacado piloto y fundador del Club Campestre, así como pionero de la Fuerza Aérea de Colombia, entre otros logros, había fallecido a la edad de 33 años como consecuencia de un accidente aéreo cerca de la población de El Retiro, Departamento del Huila.

Ricardo Olano anotó sobre este doloroso hecho: “En medio de profundo silencio y de una gran emoción, los aviadores, amigos de Germán, llevaron el ataúd al carro mortuorio y emprendimos el desfile hasta mi casa. Colocamos el ataúd en el salón, que se llenó literalmente de flores. Matilde y yo, nuestros hijos y nietos y muchos amigos rodeamos el cadáver”

La vida continúa y el recuerdo de Germán Olano Moreno queda grabado en la memoria de su familia y del país. El 16 de julio del año 1947 también fallece Ricardo Olano Estrada, la casa se empieza a quedar sola, aunque algunos de sus descendientes continuaban viviendo en el mismo barrio El Prado, cerca de la casa de Ricardo Olano. Una vez desocupada la casa por la familia Olano, esta es alquilada por unos años a la comunidad del Opus Dei.

El segundo momento de morada y despedida, comienza en el año 1961 cuando el señor José Jaime Nicholls Arbeláez compra la casa a la señora Emilia Olano Moreno, hija de Ricardo Olano.

A partir de ese año, habitan la casa la familia Nicholls compuesta por José Jaime Nicholls Arbeláez, su esposa Marilú Sánchez Carnerera y sus hijos, Marilú, Calixto y José Jaime, además una empleada doméstica y una nana española.

Marilú Nicholls, recuerda la biblioteca y el apartado con los libros prohibidos que no podía leer cuando era niña. Entre esos libros estaban “Una mujer de 4 en conducta” y “El Doctor Mata”. A su memoria también llegan los olores de la sazón y el eucalipto que hervía la empleada doméstica para aromatizar la casa, el closet donde se guardaban los sombreros, abrigos y guantes de las visitas, la voz de Miguel Fleta, la música de Mozart y Strauss:

Marilú Nicholls evoca los espacios de la casa: “En el segundo piso las alcobas estaban divididas, en esa época no había sino un baño muy grande en el segundo piso. A la hora de salir para el colegio venían las peleas entre mi hermano pequeño y yo. Un día tanto peleamos por el baño que yo me fui para el colegio y cuando volví mi mamá me había hecho un baño en la pieza. Por fin quede con mi baño y mis hermanos con el de ellos, mi mamá ha sido constructora por naturaleza. Mi alcoba era grande, tenía sitio para estudiar, y dos camas porque a mí no me dejaban ir a estudiar a la casa de ninguna compañera, pero todas mis amigas eran bienvenidas a mi casa”.

Los días de la familia Nicholls transcurrían entre el colegio y los patines de los niños ahora adolescentes, las reuniones en el Club Unión, los almuerzos de familia, la marialuisa a la hora del algo, las rutas de los buses escolares, el olor del eucalipto y la sazón de la cocina. Tardes con las calles tapizadas de flores amarillas, en las cuales se reunían los jóvenes Nicholls a reír y soñar en compañía de otros vecinos adolescentes de aquel apacible barrio con sus casas de puertas abiertas. Una vida tranquila y colmada de horizontes por delante, una casa también llena de sabores, olores agradables, música, emociones e ilusiones.

El señor José Jaime Nicholls Arbeláez presenta en sociedad a su hija Marílu Nicholls al cumplir los 17 años. Esta presentación se hace en el Club Unión y el padre baila la primera pieza de la noche con la hermosa joven. Todo gira en torno a los sueños por cumplir, pero una despedida irrumpe la calma de los días y José Jaime Nicholls Arbeláez fallece de un infarto fulminante en el año 1968. Deja a una joven viuda y tres hijos adolescentes. De nuevo en la casa se celebra un ritual de despedida.

Morar y despedirse, dos verbos propios de la naturaleza de los seres que poblamos el mundo de manera efímera. Que construimos sutiles recuerdos a partir de nuestras alegrías y sombras a partir de las tristezas profundas.

Juan Fernando Hernández (Historiador, Magister en Hábitat UNAL)

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Por escritura N° 261 de 19 de febrero de 1907, Juan E. Olano, Enrique Moreno y yo compramos a Manuel J. Álvarez un lote de terreno de más de 100.000 varas situado en el Barrio Norte entre las carreras Bolívar y Venezuela (…) éramos pues dueños del terreno en 1926 Stenhal & Cía; Enrique Moreno y yo. Por escritura N° 697, de 6 de marzo de 1926 (Notaria 4°), hicimos un contrato para urbanizar dichos terrenos con el Sr. Joaquín Cano (…) Se empezaron los trabajos de urbanización el 30 de abril de 1926 (Olano; 257)

1907

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Ricardo Olano escribe sobre su casa: A principio de 1928, comencé yo la construcción de 3 casas en la esquina Balcázar – Balboa, que fui acabando poco a poco. Con la crisis de 1929 se paralizó la construcción de casas en El Prado pero quedó un núcleo de casas muy buenas que forman el barrio más hermosos de Medellín. (Olano; 258)

1928

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Olano escribe: Agosto 14. Desde anoche dormimos en nuestra nueva casa, situada en El Prado, esquina de Balboa y Belalcázar. Durante el último mes, sobre todo después de la muerte de mi madre, permanecí sin interrupción al frente de los trabajos, vigilando todos los detalles de la terminación, que fueron mejores aún que los planeados. (Olano; 245)

1931

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29 de julio. Funeral de Germán Olano Moreno fallecido en un accidente aéreo.

1935

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16 de julio. Ricardo Olano fallece en la ciudad de Medellín.

1947

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19 de octubre. Emilia Olano Moreno recibe la casa como sucesión.

1953

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Fallece el señor José Jaime Nicholls Arbeláez.

1968

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26 de mayo La señora Marilú Sánchez Carnerera Viuda de Nicholls recibe la casa en sucesión.

1969

PLATAFORMA CÉNTRICO